“Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.” Génesis 21: 2 (RV60)

Abraham dejó su tierra, familia y proyectos particulares por una aventura en lugares lejanos junto a Sara su esposa, y más aún, con un sobrino que más temprano que tarde fue una piedra en el zapato; una molestia.

¿De verdad, quién estaría dispuesto a hacer algo así? Estoy más que seguro que son pocos los “locos” capaces de tomar consigo “lo puesto” para ser familia en un tiempo y espacio jamás imaginado y, aún más, por un proyecto de vida que viene de un Dios difícil de entender.

Así de radical y decidida fue la experiencia, sin contar que en el proceso, la promesa de un hijo no llegaría sino hasta que Sara y Abraham cumpliesen un siglo de vida.

Aún con todos los defectos, errores y humanidad reflejada en el camino, ambos se mantuvieron fieles al proyecto de Dios; “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Gn 12: 3b (RV60)

Con incertidumbres como toda familia que, inicia la aventura y con insospechadas consecuencias en el tiempo, ambos hasta el día hoy son recordados como una familia de fe. Tal vez, estás pensando que para ser así debes ser perfecto e intachable; no, la clave está en permanecer a la espera activa que sea Dios el que tenga la última palabra en todo. Ser familia hoy parece ser un producto desechable; si no resulta lo tiramos. La impaciencia o inmediatez de este siglo destruyen las “promesas de Dios” que tardan, pero llegan. Para ser testigos de aquello debemos tener fe

Y tú ¿Estás dispuesto a esperar en la voluntad en Dios?

Ricardo Montes Moscoso.

Profesor


Énfasis del mes - Julio: Una familia de fe