El padre le dijo: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 32 Pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado.” Lucas 15:31-32

Reflexión

La primera pregunta que nos viene a la mente es ¿dónde está la madre? El texto no hace mención de ella, menciona que “un hombre tenía dos hijos…” Si bien, los discípulos apoyados por la cultura religiosa y social no contaban a los niños ni mujeres. Sin embargo, Jesús se resistió a seguir a aquellos patrones culturales, llegando a dignificar a la mujer (Jn. 11:5).

Entonces, ¿por qué Jesús no mencionó a esta mujer? Podríamos aventurarnos a pensar que, la madre de esta familia haya fallecido. Así que, estos hombres tuvieron que redistribuirse las tareas y funciones para seguir adelante; en medio de la crisis de la separación de su ser amado y, luego vivir la partida de su hijo menor de su hogar. Sin embargo, veremos en el relato bíblico que, esta familia pudo salir adelante y, vio esta crisis como una oportunidad y no una paralización en sus vidas.

La decisión del hijo menor, con interrogantes que necesitaban ser respondidas y que saciarán sus ansias de vivir algo distinto al lecho de su Padre, lo llevaron a solicitar repartición de su herencia. Es notable ver, como el Padre, que ilustra a Dios, no frena a su hijo, no trata de convencerlo de quedarse a su lado. De esta manera acepta, valora y reconoce los derechos de su hijo.

Sin embargo, la decisión de este joven, trajo consigo un fracaso que finalmente pudo revertirse favorablemente para el bienestar de su familia.

1.- Lo gastó todo; no ahorró, no dejó nada como provisión futura. 2.- Buscó un lugar geográficamente distante; pensando que esto lo llevaría al olvido completo de su propia historia, vivir la vida y la libertad plena. 3.- Decidió por una vida desordenada; olvidando las enseñanzas de su hogar.

Finalmente, este joven, vive su proceso de regreso a casa envuelto en arrepentimiento y fe ¿cuándo?, cuando lo había perdido todo, hasta su reputación y dignidad. Y desde lejos, fue visto y recibido por su padre; recibido de manera amorosa, perdonadora. Quien, además, al escuchar los relatos de su hijo, intuye los motivos que lo trajeron de regreso. Por eso no lo deja concluir su discurso y ordena hacer una fiesta, vestirlo y poner su anillo; dando así la mayor restauración a su calidad de hijo: “bienvenido a tu hogar”

Intencionadamente he dejado al hermano mayor al final de esta reflexión y no porque no merezca ser reconocido como un hijo “modelo”, desde compartir la vida con su pequeño hermano y las tareas de ayudar a su padre en la mantención de sus propiedades. Sino hasta molestarse por esta bienvenida a su inmaduro e irresponsable hermano. Sin embargo, obedientemente atiende al llamado de su padre y, si bien el relato bíblico no nos dice como finaliza esta bienvenida, podemos inferir que, todo sufrió un cambio, asumiendo tareas en equilibrio, cada uno tomo sus responsabilidades y así decidieron avanzar como familia.                                                                                                       

Carmen Gloria Elgueta Sobarzo

Capellán



Énfasis del mes - Abril: Una familia resiliente